Una exposición muy extensa de obras de Turner en el MNAC, para solaz de los admiradores de este paisajista sin igual. No están sus obras más emblemáticas pero sí una buena muestra para poder apreciar la calidad
de sus trabajos y la importancia que les dio a los paisajes hasta entonces algo minusvalorados.
Antes que nada, para que nadie se llame a engaño, manifestar que sigo con mi particular cruzada de denunciar públicamente desde mi modesta tribuna, lo mal iluminadas que suelen estar las exposiciones, sobre todo las de cuadros.
De ahí que veáis esos ángulos extraños en las fotos para poder captar sin reflejos los cuadros y paneles informativos. Son un desastre, pues en la sala para poder ver bien un cuadro has de irte moviendo para no ver las lucecitas sobre los cristales.
Dicho todo esto, aconsejo subir hasta el lugar, para disfrutar de una muestra de lo más completa sobre el arte pictórico de un maestro del paisajismo, presentada en el MNAC de Barcelona.
Normalmente no suelo hablar de libros, aunque me encante leer y por ello se prestaría el poder hacerlo, pero es un tema en el que no me atrevo hacer una crónica.
Pero como todo tiene su excepción, en este caso al tratarse de un autor con el que llevo toda la vida lidiando, no me queda otra que intentar promocionarlo un poco.
Es una novela de 25 capítulos en 226 páginas, que se lee en plan libro de las horas monacal. O sea, con la mente sensible y abierta para captar la espiritualidad de la naturaleza que el texto desprende.
En el que se narran los acontecimientos que se desarrollan en un pequeño pueblo de la comarca gerundense de la Garrotxa, de esos que nunca pasa nada, hasta que pasa.
Entonces se desata un encadenamiento de acciones a la cual más sorprendente, que ni los mismos protagonistas consiguen dominar.
El autor muestra así mismo, la consabida empanada mental que suele llevar encima todo autor novel.
Ya se sabe, el querer tocar varios temas en vez de simplificar la acción para hacerla más llevadera, sí bien es verdad que así se consiguen una serie de matices que enriquecen la obra.
No me queda otra que recomendarla muy efusivamente, pues obras de este calibre es difícil que pueda ofrecer a menudo, digamos que suele llevar un tiempo largo su elaboración.
Con mis mejores deseos de que se atrevan a disfrutarla, les pongo el enlace para poder conseguirla.
Un film coral pero íntimo, donde fluye el devenir de una familia dedicada al cultivo y explotación de árboles frutales, en unas tierras arrendadas de palabra, entre los ascendientes de los protagonistas actuales. Ahora u apretón de manos hechos en otros tiempos no vale para nada y su vida tal como la entendían se les acaba. Hay que añadirle el derrumbe de las ganancias de esos campos, los sacrificios que llevar una explotación en plan familiar conllevan, el cambio generacional, la forma de entender y entenderse en este tipo de vida...y más cosas.
Una película redonda, donde no falta nada, toca muy sutilmente todos los conflictos por donde pasa la familia, en una demostración de autenticidad que la hace un documental teatralizado.
Los actores, no profesionales, están estupendos en sus papeles, por lo vividos que los tienen. Capítulo aparte para los niños que son los protagonistas que ven asombrados como el mundo de sus juegos va desapareciendo.
En esta historia en realidad nos hay ni buenos ni malos, cada cual juega sus cartas como mejor cree que le van a ir en esta partida de la vida.
Es de esos largometrajes que realmente lo son, quizás se podría recortar un poco, dos horas son algo excesivas, es mucho lo que se presenta, pero alguna secuencia está algo repetida, es por ponerle un pero.
Más que merecido su Oso de Oro en la Berlinale 2022.
Una película para disfrutar de cada plano, todos sus fotogramas rezuman autenticidad de la buena.
Con motivo del 150 aniversario del centro, se inician unos espectáculos de producción propia basados en cartas intercambiadas entre escritores, que sí bien son privadas, son de gran interés y una fuente única de información sobre sus vidas y sus obras. Es Helena Valentí, a la que siempre amó
En esta ocasión el espectáculo está basado en la lectura de la correspondencia entre el poeta Gabriel Ferrater y la escritora y traductora Helena Valentí.
La inspiración de Gabriel Ferrater, la mujer deseada, que inquieta y desespera al poeta, Sutilmente, la pasión por la traducción y la escritura de Valentí y el placer por escribir poesía de él se desvelan en estas cartas, poemas y escritos que corresponden a los años sesenta. Se construyeron el uno al otro. Ella tenía casi veinte años y él, con treinta y ocho, ya decía que acabaría su existencia antes de cumplir cincuenta. Asistimos a una relación que flota por encima del clima irrespirable de la dictadura, de la que se apartan en viajes por Europa y con proyectos literarios en el contexto cultural catalán.
Lleno completo en la sala de actos del Ateneu, un espectáculo a la altura de los personajes y de la entidad. Bien teatralizado, declamación perfecta con la que no se perdía ningún detalle de las cartas y sus intenciones y una música de acompañamiento, subrayando adecuadamente los pasajes.