JOKER
Es una película un tanto incómoda, te obliga a pensar sobre algo muy serio, mientras vas viendo cosas muy reales y muy desagradables.
La triste vida de un zumbado, que llega a la más alta realización de su desprecio por la vida humana, en tanto es lo que ha recibido durante su triste vida.
¿Nada justifica la violencia? Nos referimos a esa gratuita que parece no obedecer a ningún fin medianamente aceptable para ser justificada de una forma razonable. Pues aquí campa a sus anchas.
A parte del Estado, que tiene el monopolio de usarla y administrarla, el pueblo llano está desautorizado para su uso. Y no digamos que alguien se crea capacitado y autorizado en hacer el uso que le venga en gana, contra cualquiera que le caiga mínimamente mal.
Para un psicópata, no hay distingos entre el bien y el mal, con lo cual no se plantea juicios de valor, actúa según le parece.
Aquí juntan este personaje, al que un inconsciente le ofrece un arma, con una ciudadanía que vive inmersa en un grado de violencia callejera muy alto. Lo que le acaba convirtiendo en un líder adoptado por las masas desbocadas en sus ganas de acabar con todo.
Ambientada en los años ochenteros, nos muestra una ciudad dominada por el liberalismo más salvaje, fotografiada de forma brillante.
En donde un magistral Joaquin Phoenix se mueve a su antojo, recreando un personaje de gran lucimiento actoral. Mención para un Robert de Niro que nos recuerda el Rey de la Comedia, convenciendo en cualquier cosa que haga.
Parece un guion sacado de un manual freudiano. Sobre todo, en el comportamiento de depositar el yo en un líder que cargue con todas los aciertos y culpas, sobre todo las culpas.
Una película a tener en cuenta, por desagradable que pueda ser para espíritus de alma sensible.
Barcelona, 8 Diciembre 2019













