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domingo, 17 de julio de 2022

ESCAPADA MOTERA A BILBO

Escapada motera 




Parte I 

Barcelona-Lleida-Huesca- Jaca-Pamplona-Vitoria-Bilbao 


Vehículo: Royal Enfield Interceptor 650 


Expedición compuesta por dos personas: un piloto navegador y un cronista. Con la propuesta de un doble motivo para acudir a la meta. 





Ni que decir tiene que estamos muy lejos de ser unos moteros al uso, de los que se estila ver por las carreteras en cualquier época del año. 


Pero cosas más raras se han visto y tampoco tenían edad. 


Para darle un poco de pimienta a la cosa, en una para técnica antes de iniciar el viaje en sí, el poner aire para mantener correctas las presiones de las ruedas, se convirtió en una pérdida que obligó a acudir al taller y con ello retrasar en algo más la partida y así poder beneficiarnos de unas horas de sol más calurosas. 




Salvando este pequeño contratiempo, que no afecto en nada a la moral viajera que llevábamos en nuestras alforjas, partimos hacia Lleida por la autovía, que siguen sin indicarla mucho para que acabes colándote en la autopista de peaje. 


Velocidad de crucero continua, bastante tráfico de vehículos comerciales al tratarse de un día laborable. 


El calor aprieta de lo lindo, apenas llevamos una camisa, de manga larga por supuesto, para protegernos del sol. La neurona no sólo lucha por salir del encierro de la cabeza, sino que se desespera cuando sabe que encima hay un casco. 


En las paradas para aprovisionar combustible, el líquido puesto en la moto es similar a nuestra ingesta de agua. El precio nada que ver a pesar de lo mucho que ha subido el agua. 


Pasamos por Lleida a la que le dedicamos un saludo cariñoso, diciéndole que a la vuelta ya pararemos. El destino nos apremia y pretendemos acercarnos a él lo más rápido posible, seguimos ruta hacia Huesca. 









El calor sigue apretando, las carreteras sin una sombra que nos cobije, permiten que el sol se instale en nuestras cabezas y espaldas de forma implacable, el correr del aire apenas mengua un poco la sensación de sequedad en el ambiente. 


Seguimos rumbo a Jaca, nos engañamos pensando que, al ir más hacia el norte, la sensación de agobio por el calor menguará, pero apenas es la sensación de ver un espejismo de esos con laguito y palmeras. 


Nos quedamos a comer una ensalada de esas que hidratan y alimentan por igual, en Jaca población muy recordada por nuestro pasado excursionista y de otras lindezas. 




Acto seguido seguimos subiendo por la piel de toro hacia Pamplona, lugar que estos días está de celebración de su patrón San Fermín, con la afluencia de gentío que ello conlleva. 


Para ese momento ya hemos decidido llegarnos lo más cercano a la meta, pensando que toda esta zona estará con el letrero de todo ocupado, en todos sus hoteles, casas rurales, pensiones y calabozos. 


A poco de llegar a Iruña cogemos la carretera que nos llevará a Vitoria, lugar tranquilo y de buen vivir, siempre respetado. 




Las ganas de llegar a destino nos espolonean lo suficiente para sin hacer caso a nuestros desfallecidos y desecados cuerpos, seguir y seguir sin descanso, a pesar de que, en la última parada de suministro de carburante, he estado dando vueltas sin sentir las piernas, andando como un robot acartonado, en busca del bar para vaciar la botella de agua en el gaznate sin preguntar su origen y los beneficios que sus maravillosas sales incorporadas me podían proporcionar. 


Bilbao nos espera, como una vieja dama cargada de buenas historias, comida abundante, bebidas serias y señorío a espuertas. 




Hacemos nuestra entrada triunfal, es un decir dada nuestra apariencia real de merluzos sacados del agua, contemplando la dorada esfinge del museo al cual acudiremos al día siguiente, nuevo sello de identidad de una ciudad rejuvenecida. 


 

Barcelona, 17 julio 2022