LA CERDANYA 2024
Vista desde Alp (Fotos A.C.P.)
Un árbol frondoso, más que impedir, nos permite imaginar, que detrás hay un magnífico paisaje de la Cerdanya.
Casa tradicional ceretana, en el municipio de Alp
LA CERDANYA 2024
Vista desde Alp (Fotos A.C.P.)
Un árbol frondoso, más que impedir, nos permite imaginar, que detrás hay un magnífico paisaje de la Cerdanya.
Casa tradicional ceretana, en el municipio de Alp
Regencós
Así que disfrutan del pueblo, de su bonito restaurant, pasear por sus calles, es un lugar de momento muy poco transitado y que esperemos no se vean metidos en algo no deseado.
Barcelona, 12 octubre 2022
EL REGRESO
Fotos del Autor
Salimos de Bilbao lo suficientemente pronto para saborear el fresco que hay de buena mañana, la sensación es de haber estado sobre el famoso tambor de hojalata dejado sobre un fuego que no se apaga nunca. Es curioso salir de una capital del norte con la sensación de haber estado en el sur del sur.
Desayunamos en uno de sus lugares cásicos, al lado del puente Kursaal y luego nos encaminamos hacia la playa de Ondarreta para rendir homenaje a la obra de Chillida y comprobar su estado de degradación enfrentada a ese mar tan bravío que puede con todo.
Tras caminar entre la multitud que acude a darse un baño, nos llegamos hasta “El Peine de los Vientos” está algo más oxidado e incluso más retorcido que mi último recuerdo, aunque sé que eso es imposible, pero la obra de Chillida está viva y se puede permitir lo que quiera.
Ya bien encaminados, nos hacemos los reyes de la carretera, donde vemos la envidia que damos con nuestra cara de felicidad absoluta de estar expuestos al sol sin techo ni paredes metálicos, como los que nos miran desde sus peceras con clima artificial.
Hacemos una parada técnica de supervivencia, en un recóndito lugar, dónde nos atiende un tanto fuera de lugar, un chino super amable, dispuesto a hacer cualquier cosa que nos pueda apetecer, sin dejar de sonreír mientras ofrece sus posibilidades. Elegimos algo de lo más autóctono y suponemos que extraño para él, pero el resultado es muy bueno.
Llegamos a la ciudad en la que el sol es el rey absoluto de la situación y tras dejar la moto bajo un árbol comprensivo, recorremos sus calles, agazapados bajo las pocas sombras que puedan cobijarnos, mientras se oye claramente como las baldosas del pavimento se hermanan gracias al calor.
Después, puestos a pasar las penurias de una ola de calor que no da tregua, preferimos morir en una sola etapa sin interrupciones y decidimos no parar hasta la meta y comer en Barcelona.
Lo cual es un acierto, por el lugar, la oferta y saber que no pondremos nuestro honroso culo otra vez sobre una paella ardiendo.
Barcelona, 25 julio 2022