Es un decir ¡Claro! Todos somos conscientes de que en
cualquier momento puede estallar la tragedia.
Si las principales ciudades europeas habían sufrido
los estragos causados por algún atentado, nosotros no íbamos a ser menos y librarnos del zarpazo terrorista islamita integrista.
Al menos era lógico pensar, que en cualquier lugar
más o menos turístico o con mucha afluencia de público, era fácil intuir que
podía montarse un desaguisado de este tipo.
Y así ha sido, el fatídico 17/08, tuvimos nuestra
agresión irracional, el odio como llamada a la oración, para algunas mentes
calenturientas, faltas de cariño.
Ejecutada por unos jovenzuelos de aquí, de la
Catalunya interior, guiados por un imán de malas pulgas, al que el tráfico de
drogas no le había sido muy rentable. (Cómo puede ser un ex presidiario no
redimido, guía de almas musulmanas, es un misterio, que nadie pregunta).
Luego han venido los actos de repulsa y solidaridad
con las víctimas, el minuto de silencio en la Plaza Catalunya, justo al lado
del lugar de la masacre y la multitudinaria manifestación en el Paseo de Gracia.
El por qué de la motivación de cada uno de los que
estábamos ahí, debe de ser de lo más variopinto, pero seguro que era una repulsa
generalizada contra la barbarie.
Fue un total acierto, reservar la cabecera de la
manifestación, para los que en estas situaciones dan la cara por solucionar los
problemas surgidos y se limitan a ayudar, así, sin más.
Los políticos, por una vez y sin que sirviera de
precedente siguieron a la greña, aunque intentaban en vano hacerse los
civilizados y escondieron los puñales.
Las intoxicaciones vertidas por cierta prensa
interesada, en lo que aquí se cocía, han sido lamentables.
Intentar una guerra de banderas, cuando a la ocasión
más pintada, aparece una muy “unificadora”, también.
Estábamos para apoyar a las familias de las víctimas
y consolarlas en su dolor. Para reconocer el buen hacer general, por parte de
una serie de estamentos públicos, que velan por nosotros todos los días del
año.
Sobraban elementos divisorios, nada de panfletos ni eslogan en favor de tal o cual postura o causa peregrina , en momentos de congoja, por un simple intento de vivir en paz y con lo puesto.
Hubieran hecho bien ciertos personajes, en participar
de una forma más, digamos, disimulada o menos ostentosa, para evitar ser
silbados y abucheados y a la vez poder sentir bien cerca, el auténtico palpitar de la
ciudadanía.
Mezclados entre la gente, se les hubiera respetado
más, como los que fueron por su cuenta, sin que nadie les pusiera un avión para
facilitarles su participación.
No tenían que tener ningún miedo, los que repartían
banderas “nacionales” no lo tenían. Nadie les hacía ningun caso.
Puestos
a poner, mejor todas las banderas de las víctimas, pues eran de procedencia muy
dispar, hubiera sido mucho más colorista e integrador.
Barcelona, 27 Agosto 2017